Sobre mí

Foto de Yolanda

Soy mamá, estudiante, contadora de historias, investigadora y profe. Defensora incansable de la lúdica y la literatura como formas “otras” de tejer relaciones profundas, divertidas e inspiradoras. Habito de forma apasionada y con la misma intensidad los mundos de la crianza, la academia y las palabras, los integro, los nutro y me nutro de ellos todos los días.

Así soy una mamá que inventa cuentos de caballitos y ballenas antes de dormir, una profe narradora que tiene una historia para cada experiencia educativa y una escritora que investiga y crea desde el juego, el amor, el vínculo y la magia de lo cotidiano.

Escribo para niños, niñas y sus familias con lo que soy, con el amor que me habita y también con mi dolor de mundo, escribo porque amo hacerlo y porque deseo aportar un puñado de palabras que inspiren, inviten y aporten a construir otras realidades.

Empecé a escribir a los 11 años, en una vieja máquina de escribir, en las noches, cuando todos en casa dormían. En este espacio sagrado para la niña tímida que fui, tejí con palabras diarios de todos los colores, en los que plasmé mis alegrías, mis miedos y mis tristezas, también invente mis primeros cuentos y escribí cientos de cartas para mis amores imaginarios. Como lo digo en uno de mis libros: “creo en el maravilloso poder de los diarios, no solo son terapéuticos, sino que permiten que el ser creativo se amplié y que el deseo de escribir no se extinga jamás. No hay soledad cuando se narra y se abraza la propia vida”.

Estudié trabajadora social en la UdeA, hice una maestría en educación y desarrollo humano en el CINDE porque me enamoré perdidamente de la docencia, actualmente estoy haciendo un doctorado en Ciencias Sociales, niñez y Juventud porque me encanta investigar y aprender. También me forme como instructora de Yoga, Clown y he estudiado arte-terapia y mindfulness. Soy docente investigadora en mi amado CINDE desde hace 12 años, un centro de educación y desarrollo humano al que le agradezco gran parte de lo que soy.

Desde hace algunos años soy conferencista nacional e internacional en temas relacionados con la lúdica como dimensión antropológica, la literatura, el aprendizaje experiencial, la creatividad y la diversidad.

Cada uno de mis libros es un fragmento de mi existencia, la forma que he encontrado para seguir contando mi historia, para perpetuar estas vivencias que me llevan a ser la mujer, la mamá, la maestra y la escritora que soy. Soy lo que soy por lo que he sido, por todo lo vivido y lo aprendido en cada cruce de caminos, no sería la autora de “Candelaria y su abuela mágica” si no amara con locura el pueblo en el que vivió mi abuela y en el que he sido inmensamente feliz, no existiría “Coraje” si mi pequeño Koel no hubiera arribado a mi mundo a enseñarme que todos somos diferentes y que eso está bien.

Escribir para niños y niñas es escribir para tod@s, porque tod@s fuimos niñ@s alguna vez, aunque como dice Antoine de Saint-Exupéry, pocos lo recordemos. Yo abrazo a la niña que fui y escribo con ella de la mano, así como abrazo a la mujer valiente que soy, la que es feliz leyendo, cocinando, jugando, contando historias, tejiendo, meditando, viajando, inventando, comiendo y escribiendo. Gracias por ser parte de mi historia y por tejer conmigo  nuevos comienzos.

Mis apuestas

En mis obras están presentes de forma directa, amorosa y curiosa dos amigas del alma, que abrazo con dulzura: la magia y la alegría.

La magia se deja ver desde el título de algunos de mis libros que anuncian de entrada que la historia allí presente tiene destellos de encanto y de luz, hasta la intención concreta de reconocer los pequeños milagros cotidianos desprovistos de protagonismo en este mundo veloz. La magia me interesa, es una apuesta vital para no olvidar la importancia de la fantasía, de la imaginación y de la creación consciente de otros mundos posibles.

Frente a la alegría, con Eduardo Galeano digo siempre que puedo que “requiera más coraje la alegría que la pena a la pena al fin y al cabo estamos acostumbrados”, este ha sido mi mantra desde hace muchos años, la alegría como resistencia, la alegría como construcción, la alegría como esperanza. En esta apuesta por la alegría investigo, creo, vibro alrededor de la lúdica como dimensión vital. Es por ello que Candelaria dice “para recuperar la alegría hay que hacer lo que se ama”, porque la lúdica más allá del juego es la conexión con aquello que amamos, que nos llena el corazón de gozo, que nos devuelve la esperanza.